Mucha gente ha ido muy lejos con ellas. Se ha llegado hasta especular que es un área de actividad extra-terrestre o que hay alguna extraña causa natural que explica los accidentes.
La mala reputación del Triángulo de las Bermudas comenzó con Cristóbal Colón. Según sus anotaciones, el 8 de Octubre de 1492 Colón echó un vistazo a su brújula y se dio cuenta que esta mostraba lecturas extrañas. Al principio no alertó a su tripulación: tener una brújula que no indicaba bien el norte magnético podría haber hecho que cundiera el pánico entre una tripulación que ya se encontraba al límite. Fue una sabia decisión, teniendo en cuenta que solo tres días después, tras avistar Colón solo una luz extraña, la tripulación amenazó con regresar a España.

A pesar de que esto se ha venido repitiendo como una explicación para las desapariciones en el Triángulo, la declinación magnética en realidad es algo que cualquier capitán de barco (y otros exploradores) han conocido (y sabido cómo gestionar) casi desde que existen los barcos y las propias brújulas. Este fenómeno es solo una novedad para los principiantes, nada de lo que un capitán experimentado se deba preocupar.

La leyenda moderna sobre el Triángulo de las Bermudas no comenzó hasta los años 50, sobre todo con un artículo escrito por Edward Van Winkle Jones y publicado en Associated Press. Jones informó sobre varias desapariciones de barcos en el Triángulo de las Bermudas, incluyendo cinco navíos de ataque de la marina de EE.UU. que desaparecieron el 5 de Diciembre de 1945

Vuelo 19 no responde:
El 5 de diciembre de 1945, el vuelo 19, una escuadrilla de cinco aviones torpederos Avenger, provistos de un equipo de navegación muy sofisticado, levantaron vuelo desde la base aeronaval de Fort Lauderdale, en Florida, en una misión de rutina
Todo se desenvolvía normalmente cuando, repentinamente, al cabo de una hora y media de vuelo, el teniente Carlos O. Taylor informó con preocupación a la torre de control que estaban perdidos y que no podían distinguir la superficie del océano. 
La torre pidió entonces a las aparatos que se dirigieran hacia el oeste, pero la respuesta del oficial fue aún más sorprendente que su primera afirmación: “No sabemos dónde está el oeste. Todo parece falso, extraño. No estamos seguros de ningún rumbo. Incluso el océano no parece ser el mismo de siempre”. Como el contacto radial quedó interrumpido, un gran hidroavión bimotor «Martin Mariner» fue enviado en auxilio de los aviones, pero éste desapareció a su vez, tan misteriosamente como ellos. De este modo, seis aviones y veintisiete hombres se desvanecieron en unas pocas horas, sin que ninguna explicación racional fuera descubierta por la comisión investigadora de la Marina.

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